El relevo en la dirigencia estatal del Partido Verde Ecologista de México en Guanajuato no llegó con entusiasmo, sino con ruido, fracturas y renuncias. La senadora Kikis Magaña asumió la dirigencia en medio de un ambiente tenso, donde lo que menos abunda es la unidad interna y la confianza.

Días antes, Vanessa Sánchez, una de las figuras más sólidas y con trayectoria dentro del partido, decidió cerrar un ciclo de 13 años con una carta que dice más entre líneas que en sus propias palabras. En ella, deja claro que su salida no es por cansancio, sino por incongruencia. Denuncia una dirigencia “sin legitimidad, sin amor a la camiseta”, nacida de la traición y la soberbia, con personas que —según sus propias palabras— buscan servirse de la política, no servir a los guanajuatenses.

Y ese es, quizá, el verdadero punto de inflexión: cuando el proyecto político que se decía “ecologista y ciudadano” empieza a hablarse a sí mismo en pasado. Cuando militantes de peso, con formación y compromiso, se sienten incómodos en su propia casa partidista, algo mucho más profundo que un simple relevo administrativo está ocurriendo.

En los pasillos del Verde se habla de inconformidad, de desencanto, de liderazgos perdidos. Algunos aseguran que Virginia Magaña, hoy en el timón, no ha mostrado capacidad de conciliación ni apertura política, y que en lugar de construir puentes ha preferido rodearse de personajes que dividen y lastiman.

El exdirigente Sergio Contreras, en cambio, se despide con la madurez de quien entiende que los proyectos políticos también tienen ciclos. Habla de haber construido un partido con alma, con raíces firmes, y aunque sus palabras son prudentes, dejan una sombra inevitable: ¿ese partido con alma sigue existiendo o está siendo devorado por la ambición de unos cuantos?

El Partido Verde en Guanajuato vive hoy una crisis de identidad. Lo que se pensó como un espacio alternativo, joven, con causa ambiental y sensibilidad social, se ve ahora atrapado en viejos vicios de la política: el control, la desconfianza y la lucha interna por el poder.

Quizá sea momento de recordar que los colores, por sí solos, no significan nada. Porque ni el verde salva al árbol cuando sus raíces están secas.

ArelyPimentel
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